2011
02.13

cagots Los Agotes ó CagotsLos cagots son conocidos por muy diversos nombres, dependiendo de la región en que habitaron: gafos (de ahí el dicho «eres un gafe», «traes mala suerte»), cagotes, agotak, christiaas o crestias, agotes, colliberts, y algunos más.

Enclaves o asentamientos de estos individuos hasta finales del siglo XVIII eran el sur de Francia, norte de España y el País de Gales. En España se los encontraba en Guipúzcoa, la alta Navarra, alrededores de Jaca, noroeste de Aragón, etc., pero donde más abundaban era en el sudoeste de Francia, en Gascuña, Landas y Gironda, Finisteré, Morbihon, el alto Languedoc y el Bearne, provincia en cuya parte montañosa se encuentran al parecer todavía algunos raros ejemplares.

Estos cagots o agotes fueron durante mucho tiempo objeto de una reprobación general, siendo considerados como una raza maldita. ¿Se trataba de un grupo étnico? ¿De una casta? Eran, en todo caso, «intocables», una especie de parias. Eran objeto de sagrado horror, y víctimas de una segregación tan severa como quizá no se haya visto nunca, al decir de la gente.

Tanto en las ciudades como en el campo, vivían en barrios aparte, llamados las «cagoterías» y sólo un pequeño número de oficios les estaba permitido: a las mujeres el de tejedoras y poco más, y a los hombres les estaban reservados los oficios de carpintero, ebanista, tonelero, leñador, deshollinador, sepulturero, cordelero, albañiles y picapedreros o canteros. Bajo diversas penas se les prohibía ejercer de molineros, pasteleros, vendedores de carne u otras substancias alimenticias y mercaderes de lana. Eran considerados como siervos de la Iglesia, y a veces se colocaban bajo la protección de algún señor feudal para el que trabajaban.

Eran muy hábiles, y ayudaron a edificar algunas de las más hermosas iglesias: del Bearne y de Conninges, así como el barrio de Montant, en Toulousse, enteramente obra suya.

Algo muy curioso es su Senhal (su «señal»), pues en sus vestidos llevaban un distintivo especial, una pata palmeada en paño rojo cosida sobre la espalda izquierda o sobre el hombro. Este dato serviría para investigar paralelismos con tradiciones y leyendas donde aparece esta pata de pato.

Cagots 1 Los Agotes ó CagotsPrácticamente se les tenía apartados del resto de la sociedad y hasta se les enterraba en cementerios aparte. No podían llevar armas, ni servir en la guerra, a no ser como obreros. Los gitanos, a diferencia de los cagots, sí fueron a veces contratados como mercenarios, demostrando valiosas cualidades en este campo.

Los cagots no podían casarse más que entre ellos, pues como escribía Martín de Biscaye: «Cientos de años han transcurrido sin haberse visto hombre ni mujer tan miserable y de pensamientos tan bajos que se hayan unido a ellos, sea legítimamente, sea de otro modo».

Carecían prácticamente de derechos en la ciudad, y no podían ejercer tampoco cargos públicos. En algunos lugares se les reservaba el oficio de verdugo pero en otros se les prohibía. En el País de Gales su testimonio no era válido en justicia, y en otros lugares se necesitaban siete testigos cagots, en casos donde bastaba un testigo ordinario.

Incluso en las iglesias debían entrar por una puerta a ellos reservada, mojando la mano derecha en una pila de agua bendita especial, y ocupando sitios separados en el fondo del templo. Al comulgar, el sacerdote les tendía la hostia en la punta de una vara. Todavía pueden verse las puertas de los cagots en las iglesias de Luz, Libourne, etc., y una de aquella pilas de agua bendita, representando una cabeza de mujer, en el lado derecho de la portada de Saint-Bertrand de Comminges, en Saint-Savin, en la cual puede leerse: Cuando vas a la iglesia, te relegan detrás; nadie quiere meter el dedo en la pila de agua bendita después de un leproso de tu pueblo maldito.

Se les prohibía casi todo. El 4 de agosto de 1471, las autoridades de Moumour, en el Bearne, prohíben a un crestia o cagot, el maestro Ramón, carpintero de armar, así como a toda su familia: labrar, tener animales, entrar en el molino para llevar grano, poseer cuchillos puntiagudos, ir a lavar al lavadero y hasta andar descalzos y beber el agua de la fuente, bajo pena de ser hechos responsables de la infección, los daños, la deshonra y la vergüenza que podrían resultar de ello para los habitantes de Moumour.

En un diario de octubre de 1997 leo un artículo donde una niña gitana dice: no nos dejan coger ni agua de la fuente; es curioso lo poco que cambian algunas situaciones por mucho tiempo que transcurra.

Una vez muerto, el cagot no es mejor tratado que en vida. Se le entierra aparte de los cementerios, a veces en un foso de la carretera o a orillas del mar. En 1683 Luis XIV promulga en favor de los cagots un edicto que prohíbe la segregación, pero al enterarse la población, los ataca y tienen que batirse en retirada. En 1706, en Condom, muere la cagot Marie Arboucan. Su padre quiere llevarla al cementerio puesto que ya tiene derecho. Pero los habitantes expulsan el cortejo a pedradas. En 1718, en Riviere-Saas, doce cagots intentan entrar en la iglesia por la puerta grande, pero se amotinan los fieles y corre la sangre. Así podíamos seguir con muchos ejemplos. ¿Por qué esta repulsa? ¿Por qué este odio y segregación?

Se ha querido explicar la proscripción de los gafos o cagots por la sospecha de lepra, pero se ha demostrado que era falso; ni eraSaint Léger de Balson Source Cagots 300x225 Los Agotes ó Cagotshereditaria ni tenían disminuidas sus facultades intelectuales en ningún sentido.

Hace tiempo circulaba una leyenda, la cual, quizá por la fuerza de la costumbre, ha llegado hasta nosotros. Se decía que estos cagots eran descendientes de los constructores que puso el fenicio Hiram al servicio de Salomón, y que habían sido expulsados por éste por ser malos obreros en la construcción del Templo; se dice que habían fabricado la cruz de Cristo, pero que robaban los ataúdes para utilizar su madera en la construcción, y hasta que eran brujos. Queremos observar aquí un paralelismo con el pueblo gitano, el cual tiene un origen no clarificado, siempre han sido perseguidos, repudiados, apartados de la sociedad, y es curioso que tengan atribuida una leyenda que dice que fueron condenados a vagar errantes o en penitencia por no dar acogida a la Virgen María.

Sea lo que fuere de tantas leyendas, el origen de estos cagots y las circunstancias de su asentamiento principalmente en el país de Oc jamás han podido ser determinadas concerteza, siendo uno de los mayores misterios de la etnografía.

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